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Ibiza en la edad moderna

Ibiza entra en la edad moderna haciendo frente a los mismos males que había sufrido en la baja edad media. El hambre, la peste y el azote de la piratería berberisca provocaron un gran descenso demográfico  y la despoblación de Formentera, que no fue repoblada definitivamente hasta finales del siglo XVII. La protección de la isla fue la prioridad de todo este periodo, se construyeron torres de defensa por toda la costa y las impresionantes murallas renacentistas para fortificar la ciudad.

La edificación de este nuevo sistema defensivo urbano (1555-1596) sustituyó las antiguas cercas medievales por modernos lienzos y baluartes. Las obras de fortificación se llevaron a cabo en dos fases, la primera proyectada por Giovani Battista Calvi y la segunda, que supondría la modificación del trazado, realizada por Jacobo Paleazzo, El Fratín. Este ingeniero amplió el proyecto inicial para proteger el barrio extramuros de Santa Llúcia. También construyó, al estilo manierista,  la “Porta de la Mar”, más conocida como “Portal de ses Taules”, que sigue siendo la entrada principal al recinto de Dalt Vila.

Durante la guerra de Sucesión (1701-1715), Ibiza declaró su lealtad al archiduque Carlos de Austria. A la caída de Barcelona en manos borbónicas le siguió la rendición de Mallorca y finalmente, la ocupación del último territorio rebelde de la corona catalano-aragonesa, Ibiza. La represión política se concretó en el Decreto de Nueva Planta del Reino de Mallorca y comportó cambios significativos para nuestra isla.

Las salinas, por derecho de conquista y con gran malestar popular, pasaron a ser propiedad real. La “Universitat”, principal institución de autogobierno de Ibiza, fue abolida y se implantó el municipio castellano que dividió la isla en 18 municipios virtuales, muchos de ellos sin ningún núcleo de población existente. A parte de Santa Eulària des Riu y Sant Antoni de Portmany, el campo ibicenco se caracterizaba por la dispersión poblacional.

El intento de concentrar a los payeses en pueblos fue la máxima preocupación del primer obispo de Ibiza Manuel Abat i Lasierra. Desde su llegada en 1784 se crearon nuevas parroquias con el fin de convertirlas en pueblos. Por este motivo, las iglesias de Sant Rafel, Sant Mateu, Santa Gertrudis, Sant Llorenç, Sant Carles, Sant Agustí o Santa Agnès dan nombre a sus respectivas poblaciones. Su estancia en el hotel rural Can Pujolet le permitirá visitarlas fácilmente y comprobar que esta política no fue efectiva hasta finales del siglo XX y por motivos históricos bien distintos.

Por otra parte, la villa de Ibiza había recibido el título de ciudad en el año 1782 y su crecimiento se concentraba en los barrios extramuros de La Marina y Sa Penya, gracias a la construcción naval y a la actividad corsaria. Como ya apuntábamos en el artículo “Piratas y Corsarios”, el poderoso corso ibicenco luchó contra piratas del norte de África, ingleses y franceses. A su amparo se incrementó el comercio, la actividad pesquera y la población de estos barrios marineros. Así, a finales del siglo XVIII, llegaron a acoger dos tercios de la población de la ciudad.

Caminando por las estrechas callejuelas de casas encaladas podrá imaginar la actividad económica y vital de estos barrios en esos tiempos. En la actualidad, La Marina es conocida turísticamente como el puerto de Ibiza. En verano, concentra la vida diurna y nocturna de los viajeros y turistas que visitan la ciudad. A la oferta cultural se suma una amplia oferta gastronómica y comercial. Sentarse en una terraza a comer o a tomar una copa y divertirse con su ambiente festivo y la variopinta fauna que la transita. Pasear y dejarse seducir por su artesanía, artículos de lujo o curiosidades… Son tantas las opciones, las tentaciones que le ofrece La Marina que su visita es imprescindible.