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Ibiza en la edad contemporánea

El siglo XIX supone para Ibiza un notable cambio social, económico, cultural y demográfico. La conflictividad social provocada por los abusivos impuestos estatales se concretó en diversas revueltas payesas que agravaron los tradicionales enfrentamientos entre el campo y la ciudad. A los que se sumaron  las luchas entre absolutistas y liberales, comunes en toda España. En el ámbito político, el caciquismo imperó hasta la Segunda República (1931). Los caciques controlaban el voto y ofrecían protección a los payeses a cambio de obligaciones y fidelidad.

Ibiza seguía siendo una sociedad eminentemente rural, dedicada a la agricultura, la ganadería y la pesca. Una economía de subsistencia que fue ganando campos de cultivo, sufrió con los devastadores efectos de la filoxera y consiguió aumentar sus exportaciones de almendras, algarrobas, ganado y algodón. La industria salinera estaba sumida en una profunda decadencia por la dejadez de la Corona, que decidió venderla en 1871. Los nuevos propietarios la modernizaron, relanzaron la producción y la transformaron en la primera explotación capitalista de la isla. Por este hecho, también se convirtió en el primer ámbito de contestación social y en 1897 albergó la primera huelga de trabajadores de la isla.

En la segunda mitad de siglo comenzó a superarse la incomunicación que habían sufrido las Pitiusas. En 1852 se inauguró una línea regular de correo entre Ibiza y Palma de Mallorca, en 1886 entró en funcionamiento otra con Barcelona. En 1860 se puso en marcha el telégrafo con Valencia y Mallorca. Paralelamente, en 1861 se iniciaron las obras de la primera carretera de la isla, que unía la ciudad con San Antonio. El mismo año que se creó la primera escuela pública, en el barrio de la Marina. Además, el mundo de la información había visto nacer el primer periódico ibicenco “el ebusitano” en 1846.

Un progreso cultural que culminó en 1898 con la inauguración del primer gran teatro de la ciudad, el teatro Pereira. Actualmente, sigue vivo, recluido en lo que fue el hall, transformado en local de conciertos de jazz. El Pereira es uno de los locales más queridos de la isla por su terraza, sus buenas copas y los mejores conciertos de música en vivo. Motivos para incluirlo en nuestra lista de recomendaciones.

Demográficamente, el XIX es un siglo de crecimiento significativo ya que la isla pasó de tener 15.000 habitantes a finales del siglo XVIII a entrar en el siglo XX con unos 26.000. Un aumento de población que no fue mayor por el fenómeno de la emigración. Se calcula que unos 7.000 ibicencos fueron empujados por la pobreza a la aventura de buscarse la vida en el norte de África, especialmente en Argelia, o en América Latina, principalmente en Cuba.

El crecimiento demográfico también comportó el ensanche de Ibiza ciudad y el derribo de las estacadas que habían impedido el crecimiento del barrio de la Marina. En 1873 se produjo un nuevo impulso modernizador del barrio con la inauguración de los mercados de verduras y pescado, “el Mercat Vell i sa Peixateria”, que siguen en funcionamiento desde entonces.  Su visita es muy agradable, ya que están situados frente al Portal de ses Taules, la zona es peatonal y proliferan las terrazas.

Las primeras décadas del siglo XX siguieron la misma dinámica hasta que, en 1933, se inauguraron los primeros hoteles de la isla i se creó el Fomento del Turismo. Ibiza iniciaba el desarrollo turístico que, para bien y para mal, acabaría cambiando su ritmo vital y su destino. El primer viajero ilustre llegó a Ibiza en 1867, el archiduque Luís Salvador de Austria recogió en su magna obra el paisaje y las costumbres de la isla. En los años treinta,  Ibiza acogió intelectuales, científicos y artistas, como Walter Benjamin, a los que les debemos el mito de Ibiza como tierra de libertad.

El estallido de la guerra Civil española (1936) liquidó muchas ilusiones de modernidad, también la comunidad internacional residente en la isla. La guerra acabó en tres años pero sus efectos y la represión franquista se prolongaron en el tiempo. La industria turística sufrió un paréntesis de más de una década. La puesta en marcha del aeropuerto en 1958 marcó el paso de un turismo viajero a un turismo de masas. Pasando por una etapa hippie en la que Ibiza se convirtió en un destino importante de esta cultura. La trascendencia de la época “dels peluts” (apelativo cariñoso que les daban los ibicencos) es tal, que le dedicaremos un próximo artículo.

El “boom” turístico supuso un cambio radical que comportó significativas repercusiones de todo tipo y el punto y final de un modo de vida tradicional para la mayoría de ibicencos. Dio paso a una economía eminentemente basada en el turismo estacional del sol y playa. Causo un aumento demográfico que supuso un primer incremento de población del 42% entre 1960 y 1975. A los nuevos pobladores peninsulares, atraídos por las expectativas laborales, les siguieron los europeos y a estos los procedentes del norte de África y Latinoamérica. Sucesivas olas migratorias que explican los más de 140.000 habitantes actuales y configuran la presente sociedad multicultural, en la que los ibicencos de origen son minoría en la isla.

El impacto turístico es, en mayor o menor medida, apreciable en todo el territorio. La ciudad de Ibiza sigue siendo un fiel reflejo de la transformación de la isla. Escoja un buen mirador, disfrute de la hermosa ciudad antigua y pasee su mirada de oeste a este. Observe el ensanche carente de personalidad alguna, de otro criterio estético que no sea la especulación y el puro negocio. La evolución de este desarrollo urbanístico se materializa en la parte final del recorrido visual. La exclusiva zona del puerto deportivo de Marina Botafoc e Ibiza Nueva, con sus lujosos edificios, fastuosos yates y zona comercial de alto standing.

Felizmente de vuelta a la Ibiza auténtica que resiste, que sigue evocándonos la magia que desprende esta isla, llegará a la zona de Els Amunts, sin duda la mejor conservada. Desde su terraza del hotel rural Can Pujolet podrá deleitarse en la riqueza y la belleza del patrimonio natural y cultural ibicenco, reflexionar sobre sus retos y amenazas y llegar a sus propias conclusiones sobre el pasado, el presente y el futuro de Ibiza.