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Ibiza en la edad antigua

Con este artículo iniciamos una serie de cuatro textos que le aproximarán a la rica historia de Ibiza. Nuestra isla guarda numerosos vestigios del paso de las grandes civilizaciones que han dominado el Mediterráneo. Le invitamos a descubrir el patrimonio histórico-artístico de las Pitiusas y empezamos por la edad antigua.

El historiador griego del siglo I a. C. Diodoro Sículo, hace la siguiente descripción de la isla: “Después está la llamada Pitiusa, que lleva esta denominación a causa de la multitud de pinos que en ella crecen. Está en medio de la mar y dista de las columnas de Hércules tres días y otras tantas noches de navegación; un día y una noche bastan para llegar a Libia, y sólo un día de viaje la separa de Iberia. En extensión es igual a Corfú y es de mediana fertilidad; tiene poca tierra de viñedos, y olivos injertados en los acebuches. Y las lanas que en ella se producen son reputadas y bellísimas por su suavidad. La entrecortan campos risueños y colinas, y tienen una ciudad que se llama Ebusus y es colonia de cartagineses. Tiene también puertos dignos de mención y grandes murallas, y un número considerable de casas admirablemente construidas. La habitan bárbaros de todas clases, principalmente fenicios.”

Eivissa (Ibiza), citada en esta fuente literaria en su forma latinizada Ebusus,  es la ciudad más antigua de todas las Baleares y Pitiusas. Fundada por grupos fenicios a mediados del siglo VII a. C., alcanzó su máximo esplendor entre los siglos V y IV bajo dominio cartaginés. Los púnicos la llamaron Iboshim,  ciudad de los adoradores de Bes, y la convirtieron en un enclave estratégico de sus rutas comerciales.

Las primeras huellas fenicias en la isla son anteriores a la ciudad ya que su primer asentamiento urbano se produjo en Sa Caleta. El yacimiento, que merece una visita, está ubicado en la cala del mismo nombre del municipio de Sant Josep y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el año 1999. Fue un asentamiento industrial dedicado a la extracción de galena argentífera y a la explotación de la sal. Tuvo una vida corta y es probable que sus habitantes la abandonaran pacíficamente para instalarse en la bella bahía de Ibiza, concretamente en el Puig de Vila (la actual Dalt Vila).

A unos 500 metros a poniente del Puig de Vila, en el Puig des Molins, se encuentra la mayor y mejor conservada necrópolis fenicia y cartaginesa del Mediterráneo occidental. Con la llegada de los púnicos de Cartago la población pasó de 2.000 a 5.000 habitantes y el cementerio creció como consecuencia del desarrollo de la ciudad. Bajo el suelo de este yacimiento se esconden unos 3.000 hipogeos (grutas excavadas en la roca) de los cuales 340 son visibles desde el exterior, recorriendo el sendero señalizado. En verano, le recomendamos las visitas teatralizadas organizadas por la Asociación Cultural Iboshim. Junto a este espacio, declarado también Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el año 1999, puede visitar el Museo Monográfico de Puig des Molins. Su exposición permanente permite conocer los rituales funerarios desarrollados en la ciudad de Ibiza durante catorce siglos, desde la época fenicia hasta la dominación bizantina.

Gracias a los cartagineses, Ibiza se convirtió en un importante centro productor y exportador de productos propios: sal, lana, envases cerámicos… En la antigüedad, existía la creencia de que la tierra de Eivissa ahuyentaba a las serpientes y animales ponzoñosos y quizás por este motivo se han encontrado ánforas ibicencas en los principales yacimientos de esta época diseminados por todo el Mediterráneo. Otra prueba de esta vitalidad económica  es que las monedas ebusitanas fueron de las primeras acuñadas en Hispania (siglo III a. C.) y se mantuvieron en circulación hasta que Claudio I mandó cerrar la última ceca (taller oficial de fabricación de moneda) para imponer la moneda romana.

Durante este periodo, Ibiza contó con dos grandes santuarios: el de s’Illa Plana en la ciudad, actualmente urbanizado sin piedad, y el de la cueva de Es Culleram. Este último lo puede visitar fácilmente desde el hotel rural Can Pujolet ya que está ubicado en la finca de can Quintals, a pocos quilómetros de la cala de Sant Vicent. Es Culleram fue un importantísimo lugar de culto hasta el siglo II a. C. En el yacimiento arqueológico del templo se han hallado más de 600 estatuillas policromadas enteras, la mayoría consagradas a la diosa Tanit, símbolo de vida y protección, la principal deidad del panteón cartaginés.

Para culminar este recorrido por la edad antigua le proponemos dos últimas sugerencias: El Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera, principal museo de la historia de la isla, situado junto a la catedral de Ibiza y el acueducto de S’Argamassa en Santa Eulària. Los restos de esta construcción son un ejemplo de las infraestructuras romanas que todavía se conservan en la isla. La romanización de Ibiza se produjo lentamente, sin estridencias, y supuso la unión del destino de las Pitiusas al de las Baleares.