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Descubrir las Orquídeas de Ibiza

Seducción, sensualidad o elegancia son algunos conceptos que asociamos a la belleza sublime de las orquídeas. Las admiramos y regalamos como plantas ornamentales o las saboreamos, como la vainilla. Sin embargo, nuestras orquídeas silvestres siguen siendo unas desconocidas para la mayoría de la gente y un tesoro para los aficionados a la fotografía e identificación de la flora y la fauna.

En Ibiza las conocemos popularmente con el nombre genérico de “herba de les abelles” o “abelleres” (hierba de las abejas). Y disfrutamos de 24 especies distintas, entre las que destaca la Ophrys baleárica, endémica de las Islas Baleares. A diferencia de las tropicales, nuestras orquídeas viven en el suelo, preferentemente en terrenos calcáreos, y suelen ser pequeñas, discretas y de una belleza sutil. Por lo tanto, descubrirlas requiere máxima atención y respeto por la naturaleza.
Podemos encontrar orquídeas prácticamente en todos los ambientes de la isla, des del nivel del mar hasta la cima de los montes. Desde los humedales de los torrentes hasta las zonas salobres del Parque Natural de Ses Salines, pero su hábitat predilecto es la garriga. Esta vegetación arbustiva es propia del paisaje dels Amunts, donde está situado el hotel rural Can Pujolet. Desde los caminos de la finca, dando un paseo hasta los acantilados, el amante de las orquídeas podrá reconocer diversas variedades.

La mayor parte de las orquídeas de Ibiza inician la floración con la llegada de la primavera, la mejor estación para contemplarlas. Y se alarga hasta la llegada del fuerte calor, dependiendo de la especie y la altitud. Durante el verano, acabado el ciclo reproductivo, los bulbos sobreviven bajo tierra y la planta desaparece. Con la llegada de las primeras lluvias de otoño, vuelven a despuntar y se inicia un nuevo ciclo vital.

Las flores imitan a la perfección a las hembras de los insectos que las polinizarán, con el objetivo de atraer sexualmente a los machos y garantizar su perpetuación. Las orquídeas han modificado sus flores para atraer a los insectos y los ibicencos las han nombrado apuntando esta relación especial, sabiduría popular. A parte de esta capacidad de mimetismo, sorprende la relación simbiótica que sus semillas establecen con los hongos, a fin de obtener los nutrientes necesarios para la germinación y el crecimiento.

Todas estas singularidades deberían ser suficientes para protegerlas y estudiarlas, pero desgraciadamente se enfrentan a varias amenazas. La principal, la actividad humana: urbanizaciones, carreteras, paso excesivo de personas o vehículos… Los incendios forestales también son un grave peligro. Y, finalmente, cabe destacar su recolección. Un acto inútil y destructivo, pues las orquídeas no sobreviven fuera de las condiciones mencionadas, su cultivo es prácticamente imposible.

Nuestras orquídeas son tan bellas y extraordinarias como frágiles y delicadas. Su observación requiere consciencia ecológica, conexión con el entorno y mucho cuidado. Su deleite es un acto efímero, en un espacio natural único, concreto. La recompensa de esta fotogénica planta depende del arte del fotógrafo, dibujante o admirador.